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La vendimia, un singular paseo por su historia

¿Sabes quiénes fueron los primeros en recoger las uvas de las vides y pisarlas en un cubo de madera? Mucha gente cree que fueron los griegos, pero no fue así. En este post, te contamos quiénes comenzaron con esta labor llamada vendimia, la recogida del fruto de la vid, que se ha mantenido casi intacta hasta nuestros días.

El desarrollo de la vitivinicultura

Fueron los egipcios quienes desarrollaron esta práctica por primera vez con cierto grado de técnica, a pesar de los años que nos separan. El proceso presentaba aspectos muy similares a los que conocemos hoy en día: se recolectaban los racimos de las vides y se depositaban en cestas que eran transportadas a un lagar. Este proceso lo llevaban a cabo los vendimiadores.

El vino, por aquel entonces, era una bebida considerada divina que se disfrutada únicamente por la nobleza y realeza. Era habitual mezclarla con miel y otros aromas que suavizaban su carácter.

El vino adquirió un carácter social y relevante en la sociedad de griegos y romanos bajo la protección del dios del vino, Dionisos para los griegos, Baco para los romanos. En honor a este dios, se celebraban innumerables festejos como las famosas bacanales.

La Vendimia en España

La llegada del cristianismo, en la Edad Media, tuvo mucha influencia en el mundo del vino. Los cultivos se ubicaban alrededor de los monasterios y su producción estaba destinada a la liturgia y al alimento. En el caso de los monjes cistercienses tenían pautado dentro de su hábito alimenticio el consumo de un vaso de vino diario, y el pueblo llano, lo incluyó dentro de su dieta habitual.

Desde su origen hasta la actualidad, los avances tecnológicos que se dieron a comienzos del siglo XIX han sido trascendentales para la evolución de la vendimia.

Hay que echar mano de la historia de La Rioja para contextualizar aquellos momentos de expansión de España, con la llegada de capital vasco y posteriormente jerezano para invertir en nuevas bodegas en la, entonces, única zona vitivinícola de prestigio que existía en el país. Dicho capital, en muchos casos financiero, apostó por la elaboración de vino con la introducción del acero inoxidable y otras tecnologías, en una España que comenzaba a disfrutar del vino como un producto de consumo más allá de como parte de la dieta que viticultores y otros trabajadores del campo necesitaban para el trabajo diario.

Durante años, eran los vendimiadores quienes recogían las uvas y seleccionaban en la bodega cuáles eran las idóneas para producir el vino.

La ‘industrialización’ del sector, primero en el siglo XIX con la llegada de capital francés a La Rioja para garantizarse el aprovisionamiento de uvas tras arrasar la filoxera los viñedos bordeleses, y luego en el siglo XX con las inversiones del capital financiero e industrial, elevaron las bodegas a la consideración de empresas.

La vendimia empezó a compartir espacio con la tecnología cuando los viñedos tradicionales en vaso dieron paso a la plantación en espaldera buscando mejores rendimientos. En este sentido, la espaldera, suponía la conducción de la planta dándole una forma más abierta para conseguir mayor exposición solar y una mejor aireación con la consiguiente disminución del riesgo de enfermedades fúngicas. De esta manera, se conseguía una mayor densidad de población y un mejor aprovechamiento del espacio y, racimos más uniformes tanto en tamaño como en maduración. Este sistema además facilitaba ciertos trabajos mecánicos, entre ellos la vendimia a máquina.

La vendimia en Familia Martínez Bujanda

Lo que fue la primera bodega de Familia Martínez Bujanda, fundada en 1889, se ha convertido en un espacio único, un museo, un auténtico lugar de culto al vino.  Está ubicada en la parte alta de la localidad de Oyón, su interior, te permite apreciar las técnicas de elaboración y crianza de los vinos que se utilizaban hace más de 100 años en La Rioja. 

La bodega se encuentra en tres niveles diferentes, para aprovechar la gravedad en la elaboración.

¿Cómo se elaboraba el vino?

La recepción de las uvas se llevaba a cabo a través de comportones, que se depositaban en los lagos abiertos. A partir de ahí, se realizaba un pisado ligero para dejar después los vinos fermentar (8-10 días). Una vez fermentados, se separaba el vino de la pasta haciendo cuatro fracciones de diferentes calidades que luego se podían mezclar o no.

Comportones – Imágen Riojatrek

La primera fracción era el vino de lágrima, el que salía por gravedad.  La segunda, el vino de pie, que salía pisando la pasta.  La tercera, el remango, que consistía en seguir pisando medio lago encima del otro.  La cuarta, finalmente, el vino procedente de la prensa.

Unión entre tradición y tecnología

Los últimos avances junto con la idea del retorno a los orígenes proponen una vuelta a los depósitos de hormigón para la fermentación y crianza de los vinos. Su uso ya era habitual en sus inicios, pero el acero inoxidable se impuso en los años 70 por su fácil limpieza y la capacidad de controlar la temperatura, lo que relegó al hormigón a un segundo plano. Este material se ha vuelto a revalorizar con los huevos de hormigón, muy usados en la actualidad para la crianza sobre lías de algunos vinos blancos y los depósitos de cementos más pequeño para hacer micro elaboraciones de vinos exclusivos.

La revolución tecnológica, las tendencias y una evolución constante hace que el proceso cambie, pero en Familia Martínez Bujanda siempre se mantiene el cuidado y mimo al fruto. Con el respeto al medio ambiente y la sostenibilidad como origen de todo.

Estamos orgullosos de pertenecer a las familias que han incorporado a una quinta generación y estamos convencidos de que el éxito tiene mucho que ver con ese respeto a las identidades de los terruños y a hacer el caso justo a las modas.

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