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Vinos de verano: los rosados (II)

Comentábamos en el anterior post que, con la temporada de verano, se incrementa notablemente el consumo de vinos blancos. Algo similar sucede con los rosados, si bien estos vinos, injustamente, han sido considerados, sobre todo en España, ‘menores’.

De hecho, son probablemente estos vinos los más complicados de elaborar. En los últimos años, han tenido un fuerte tirón de consumo en el extranjero, lo que ha llevado a que muchas bodegas que habían dejado de elaborarlos hayan vuelto a incluirlos en su porfolio.

Los rosados de ‘última generación’ presentan un tono más pálido de color, en muchos casos por la incorporación de importantes cantidades de uva blanca, en el caso de Rioja de viura fundamentalmente con tempranillos o garnachas, en línea con unos vinos tradicionales de la zona del alto Najerilla, los claretes.

Familia Martínez Bujanda elabora un rosado que podíamos denominar como tradicional, el Viña Bujanda 100% tempranillo, en el que destaca especialmente una nariz frutal, con potentes aromas de fresa y frambuesa y un frescura muy agradable en la boca, aunque también con volumen y, sobre todo, una envolvente golosidad.

La fermentación a baja temperatura mantiene la acidez natural del vino, lo que da impresión de una cierta ‘chispa’ en la punta de la lengua en los primeros meses de embotellado que realza su frescura.

El rosado, servido muy fresquito, sirve para consumirlo en cualquier momento especialmente en esta época y para acompañar casi todo tipo de comida: pescados, pastas, arroces, todo tipo de comida italiana, incluso carnes blancas. De hecho, hay ocasiones en que no sabemos qué vino utilizar para maridar un plato de cocina moderna, de influencia asiática por ejemplo, y seguramente lo haga a la perfección con un rosado.

Hablamos de vinos de verano y lo hemos hecho de blancos y rosados, pero nadie ha dicho que están ‘prohibidos’ los tintos. En este caso, el tinto no puede servirse a temperatura ambiente en esta temporada, por lo que, aunque sin pasarse, si optamos por pedir un tinto en un restaurante no debemos ‘cortarnos’ y pedir una cubitera para enfriarlo si el establecimiento no tiene una cava con control de temperaturas. El tinto, en el caso de los jóvenes, puede bajarse perfectamente a los 12 grados para su consumo y en el caso de los vinos criados se puede consumir a 15 e incluso 14 grados perfectamente. Nuestro consejo de verano para los consumidores de tintos es Cantos de Valpiedra (Rioja).

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