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La Dieta Mediterránea: base de las políticas nutricionales

Podemos encontrar decenas, cientos, de definiciones de la dieta mediterránea en internet. A nosotros, nos gusta relacionar este concepto, más que con una pauta nutricional, con un estilo de vida que incluye tanto un patrón de consumo de un grupo de alimentos como una forma de hábitos forjados a la largo de miles de años como herencia cultural y generacional.

Los efectos saludables de este estilo de vida están más que acreditados por cientos de estudios médicos que aconsejan la dieta mediterránea frente a enfermedades cardiovasculares, cáncer, obesidad, diabetes e incluso demencias. Un punto de inflexión desde el punto de vista clínico fue la publicación del denominado estudio Predimed, un macro ensayo médico realizado en España con la participación de 7.447 voluntarios, hombres y mujeres de 55 a 80 años con un alto riesgo de padecer enfermedad cardiovascular pero que aún no la habían desarrollado.

La principal conclusión fue que el seguimiento de una Dieta Mediterránea tradicional, suplementada con aceite de oliva virgen extra o frutos secos (nueces, avellanas y almendras) reduce en un 30% el riesgo de sufrir un infarto de miocardio, un ictus; o de morir de causa cardiovascular, en comparación con una dieta baja en todo tipo de grasa (animal y vegetal), hasta el punto que tras cinco años de seguimiento los responsables del estudio decidieron concluirlo porque las diferencias a favor de la dieta mediterránea eran tan evidentes que seguir con una dieta baja en grasa suponía un riesgo para la salud del grupo de riesgo.

Foto: Fundación Dieta Mediterránea

Foto: Fundación Dieta Mediterránea

El doctor Ramón Estruch, coordinador del estudio Predimed, sostiene que los alimentos que más diferencian a la dieta mediterránea de otras dietas son el aceite de oliva, los frutos secos, el pescado y el vino. La realidad es que la publicación del estudio tuvo un efecto extraordinario sobre la revisión de las políticas nutricionales en todo el mundo. En este sentido, el Departamento de Salud y Servicios de Estados Unidos se apuntó hace ya unos años oficialmente a la dieta mediterránea e incluyó las pautas del estudio Predimed en sus guías nutricionales.

Desde el año 2011, E.E.U.U. es el mayor consumidor mundial de vino, con 31,8 millones de hectólitros en el 2016, seguido de Francia (27 millones), Italia (22,5), Alemania (19,5) y China (17,3). La dieta mediterránea, y el vino, están causando furor en EEUU con la llegada de nuevos consumidores jóvenes, mientras que en España estamos poco a poco abandonando esta alimentación tan propia de anteriores generaciones y, por supuesto, tampoco levantamos cabeza en cuanto al consumo de vino.

Quizá si esta ’moda’ se sigue extendiendo por todo el mundo seamos capaces de volver a valorar algo tan nuestro y tan genuino como la dieta mediterránea.

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